La Loire à Vélo - Le Thoureil © J. Damase

UNA HISTORIA

Al hilo del Loira, al hilo de la Historia

El Valle del Loira cuenta en la actualidad con un gran número de monumentos históricos entre los que se cuentan sus majestuosos castillos a lo largo del río, retrazando y escenificando todos los grandes y pequeños acontecimientos de la historia de Francia.

 

El Loira también aparece asociado a un gran número de monumentos que no se reflejan directamente en sus aguas. Se encontrará con que Chambord domina los bordes del Cosson, Azay-le-Rideau se amolda al Indre, Cheverny se acurruca en el valle del Beuvron, Chenonceau cabalga sobre el Cher, ¿y el de Chinon?... flirtea con la Vienne. Todos estos sitios, desde el castillo de Sully-sur-Loire (el más río arriba) al de los duques de Bretaña en Nantes (el más río abajo), pasando por el de Valençay (el más sureño), disfrutan de una suavidad climática legendaria y de la resplandeciente belleza de los paisajes de sus alrededores.

Fortalezas medievales, castillos reales y palacios Renacimiento, bucólicas casonas, impresionantes catedrales… Este milagro artístico, que se desarrolló ininterrumpidamente a lo largo de más de 3 siglos y que es la base de lo que los historiadores llaman ‘el arte de vivir a la francesa’, de hecho es el resultado de una derrota militar: la batalla de Azincourt (octubre 1415). Una derrota que obliga a Carlos VII, el entonces rey de Francia desalojado de París por los ingleses, a refugiarse para su seguridad a orillas del Loira, en la Turena, donde ya existían sólidas fortalezas. La región presentaba además numerosas ventajas: rica y fértil, atravesada por un río, principal vía de comunicación entre el Mediterráneo, la Borgoña, la región de Lyon y las provincias del gran oeste. Refugiada primero por obligación, la nobleza se quedó para su solaz ¡durante largas estancias! Desde entonces se llamó a esta región ‘El jardín de Francia’ y la Edad de Oro del Valle del Loira empezó entonces. Cuando volvió la paz, la prosperidad económica aliada al desarrollo de las artes dio paso a una fiebre arquitectónica sin precedentes.

Tierra de reyes

Francisco I, Carlos VII, Leonardo da Vinci, Maurice Genevoix, Julien Gracq no se equivocaron eligiéndola como residencia. Todavía hoy, esta dimensión cultural está patente en el corazón de los variados paisajes con contrastadas arquitecturas: troglodítica, renacentista, medieval, entremezcladas en ciudades históricas, jardines, abadías, castillo…

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